El Último Hielero del Chimborazo

El Último Hielero del Chimborazo

A pocos metros de la línea del tren, en el sector de Cuatro Esquinas, comunidad de Pulinguí, se encuentra la casa de Baltazar Ushca, conocido como el “Ultimo Hielero del Chimborazo”.
Es un hombre de estatura pequeña, manos ásperas y rostro marcado por el frio, pero tiene una sonrisa generosa que borra cualquier huella de maltrato ocasionado por el tiempo y el clima.

Su familia está compuesta por su esposa, cuatro hijos y seis nietos, entre sus pertenencias se cuentan una vaca, dos borregos y tres burros, llamados: Gabriela, Patricia y Luis. A sus 67 años recuerda perfectamente la vez que junto a su tío, abordó el ferrocarril que iba a Ambato, fue a trabajar por primera vez.

Solo tenía ocho años. Poco a poco la costumbre de extraer hielo de las nieves perpetuas del Chimborazo se convirtió en su modo de vida. Antes eran varios los aficionados a realizar este trabajo. Él se inició junto a sus padres a la edad de 15 años, comenta. Pero la industrialización le ganó terreno a la sacrificada labor de ascender cuatro horas a “llucho pata”, como reseña sonriente, rumbo a las faldas del coloso.

Allí cargaba a lomo de mula entre ocho y diez bloques de hielo, que luego se comercializaban entre heladeros, pescaderías, mercados y varios hogares de la ciudad. Antes el hielo era distribuido entre Guaranda y Riobamba. Por cada bloque recibía un pago de cuatro sucres.

La técnica de la refrigeración convirtió esta noble y dura tarea en un simple recuerdo. Pero Baltazar la defiende orgullosamente alegando poderes vitamínicos, fuerza para los huesos y un dulce sabor a quienes prueban el hielo del “Taita Chimbo”.

Cada jueves y viernes, sea invierno o verano, sube al Chimborazo a extraer el hielo. Admite que hoy asciende mejor el nevado, gracias al uso de las botas de caucho. Entrega cada semana de cuatro a cinco bloques en el mercado “La Merced” y cantidad similar en el mercado “San Alfonso”,
en Riobamba. El costo de cada bloque es de cuatro dólares.

Hoy, para este oficio, solo queda Baltazar, quien reconoce que ser “Hielero” no es buen negocio. Pero asegura que lo seguirá siendo hasta que “papito Dios lo permita”, pues está consciente que no hay quien lo reemplace.

Al final de este diálogo pregunta con ingenuidad única “si será posible que el tren lo lleve de Cuatro Esquinas a Riobamba en diez minutos”. Al igual que el vapor de la locomotora, “el Ultimo Hielero del Chimborazo” transmite una sensación de calor y emoción para el corazón.

Fuente: www.trenecuador.com